Algunas personas creen que algo ocurrirá si dicen ‘no’.
“Si digo ‘no’ dejarán de quererme”, “si digo ‘no’ soy un egoísta”, “si digo ‘no’ pensarán que soy un maleducado”… Creen que si dicen ‘no’ van a herir a alguien o que los sentimientos de los demás cambiarán. Temen dañar, temen perjudicar la relación. Y entonces dicen que ‘sí’ sin ganas, sin voluntad, sin realmente quererlo.
Generalmente quienes no se atreven a decir que no son los mismos que no se atreven a pedir. Esperan que sean los demás quienes adivinen sus necesidades, sin necesidad de pedir, y no se atreven a decir que no cuando alguien les pide algo.
Tanto el no pedir —y esperar que sean los demás quienes adivinen nuestras necesidades—, como no atrevernos a decir que no, generan en el ser humano un terrible sentimiento de desamor. Y esto ocurre porque en esas situaciones la persona confunde dos cosas completamente diferentes: alguien puede quererte mucho y, sin embargo, no adivinar tus necesidades. Alguien puede quererte mucho y, sin embargo, aceptar que le digas que no a algo concreto. Alguien puede quererte mucho y, sin embargo, puede decirte que no a algo que le pides. Adivinar necesidades o decir que no nada tiene que ver con el amor o con la aceptación. No dices que no a la persona, sino a una petición concreta.
Cuando alguien te pida algo que no puedas dar, mírale a los ojos, sonríele y dile que no, dejándole muy claro que le aprecias, que le valoras, que le quieres. Tan normal es pedir como decir que no. Cuando sabes qué quieres y cuándo lo quieres, es mucho más fácil decir que no a cosas que no puedes dar o a cosas que te apartan de tus valores o de tus metas.
Fuente: Ricardo Ros