martes, 24 de enero de 2012

Pienso, luego supongo…


“El funcionamiento de la mente humana es muy interesante. Necesitamos justificarlo, explicarlo y comprenderlo todo para sentirnos seguros. Tenemos millones de preguntas que precisan respuesta porque hay muchas cosas que la mente racional es incapaz de explicar. No importa si la respuesta es correcta o no: por si sola bastará para que nos sintamos seguros. Esta es la razón por la que hacemos suposiciones. Si los demás nos dicen algo, hacemos suposiciones, y si no nos dicen nada, también las hacemos para satisfacer nuestra necesidad de saber y remplazar la necesidad de comunicarnos. […] Hacemos todo tipo de suposiciones, porque no tenemos el valor de hacer preguntas. […] También hacemos suposiciones sobre nosotros mismos, y esto crea muchos conflictos internos. Por ejemplo: supones que eres capaz de hacer algo, y después descubres que no lo eres. Te sobreestimas o te subestimas a ti mismo porque no te has tomado el tiempo necesario para hacerte preguntas y contestártelas”
El párrafo precedente corresponde a un extracto del libro “Los Cuatro Acuerdos” del Dr. Miguel Ruiz (del cual recomiendo su lectura completa). Y lo he tomado prestado para introducir al tema de hoy: Las Suposiciones.
El autor propone 3 causas para generar suposiciones:
  1. Porque carecemos de seguridad sin respuestas
  2. Porque no tenemos el valor de hacer preguntas
  3. Porque no te has tomado el tiempo necesario para hacerte preguntas y contestártelas
Si bien coincido plenamente con el punto de vista del autor, considero que además existen infinitas “razones” para generar suposiciones, tantas como seres humanos hay en la tierra, ya que cada suposición, a su vez,  puede ser el origen de una nueva suposición, y así hasta el infinito…
Cuando somos niños, no hacemos suposiciones y estamos libres de pre-juicios. Esto lo podemos apreciar cuando observamos cómo se relacionan los niños (en edades previas a la escolarización) con las cosas y las personas. Su corporalidad y emocionalidad, en la mayoría del tiempo están en completa apertura, lo que significa que existe una confianza plena sobre los acontecimientos y la gente. A partir de la escolarización, comenzamos a tomar mayor conciencia y vamos adquiriendo experiencias acerca de las personas y las cosas. Vamos observando a nuestros mayores en sus comportamientos, y por imitación, vamos aprendiendo a suponer, a pre-juzgar, a imaginar lo que podría suceder si…
Este es un comportamiento aprendido, lo que indica que, si aprendimos a actuar de esa manera, es posible aprender un nuevo comportamiento, actuando de una manera diferente a través de un entrenamiento consciente, que se adecue a lo que nos sea funcional y nos acerque a los objetivos de vida.
¿Qué necesitamos para generar un nuevo hábito?
1. Visión: una de las formas de propiciar el deseo de cambio es generando una visión de cómo sería mi vida, en este caso particular, sin hacer suposiciones. La propuesta es hacer una declaración, por ejemplo (esta es la mía, pero la pueden generar cada uno a su conveniencia):“Quiero comunicarme con las personas desde la legitimación, con claridad, de manera de evacuar cualquier duda que se me presente al escucharlas. Con esta claridad obtendré una comunicación y entendimiento efectivos, para construir relaciones saludables”.
2. Atención: prestar atención a cada uno de los interrogantes que se me presenten, para no sacar conclusiones apresuradas, en base a suposiciones.
3. Acción: Incorporar una nueva acción que suplante a las acciones “aprendidas del pasado”. En este caso, incorporar las preguntas. Cada vez que surja un interrogante, en lugar de pasar a la suposición, evacuar las dudas respecto del interrogante.
4. Evaluación: En los períodos de tiempo que cada uno estime conveniente, hacer un chequeo de cómo va con su “nueva acción”, para hacer los ajustes que sean necesarios.
5. Celebración: No se si el punto más importante, pero sí muy necesario, acompañar los logros con un buen reconocimiento (esto también queda a criterio de cada persona, encontrar la forma y el momento para los “auto-mimos”).
“Cultiva solo aquellos hábitos que quisieras que dominaran tu vida”
(Elbert Hubbard)