Las excusas, los pretextos y las disculpas.
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Usted, amigo/a o familiar necesita ayuda porque padece de alguna enfermedad, que clínicamente, no ha podido solucionar (algún tipo de Cáncer, Reumatismo, respiratoria, orgánica, etc. Entonces permita que a través del Psicoanálisis, PNL e incluso Reiki, eliminar poco a poco sus problemas de salud.
martes, 31 de enero de 2012
sábado, 28 de enero de 2012
El mundo de las excusas
El famoso escritor español José Joaquín de Mora nos regala una exquisita diferenciación entre 3 vocablos que suelen utilizarse sin discriminar unos de otros:
«Excusa es una evasión, disculpa es una justificación; pretexto es un motivo ligero o falso. Se alega una excusa para negar un favor, para no cumplir con una cita, para no ejecutar lo prometido. Se presenta una disculpa para evitar el castigo, para invalidar una acusación, para defenderse de un cargo. Se busca un pretexto para meterse uno donde no le llaman, para ausentarse el empleado de la oficina, para salir un convidado del banquete antes de tiempo.»
Sin
invalidar esta riqueza que nos regala el idioma español, según como
yo lo veo, estos tres términos convocan un mismo compromiso: no
hacerse cargo de la situación pasada, presente o futura a la que
hagan referencia.
Al
utilizar cualquiera de estas tres palabras, lo que estoy haciendo es
explicar, justificar y/o describir una situación básicamente
relacionada con la “no-posibilidad”, con lo cual, después de
esgrimir una excusa, después de invocar disculpas, después de
exponer pretextos, el mundo sigue estando en el mismo lugar que
antes, o sea, las situaciones no se modifican, aunque sí impactan en
el futuro del que habla… Se puede, tal vez, tener la sensación (o
imaginación, o la ilusión) de que la ingeniosa excusa me hizo
“zafar” de tal consecuencia, de que la delicada disculpa me
liberará de un eventual castigo, de que el astuto pretexto me
permite “sortear” alguna dificultad “embarazosa”…
La
pregunta que me surge es, ¿nos sirve vivir en el mundo de las
excusas? ¿No estaremos, tal vez, por medio de la excusa, encontrando
una “solución” al “problema” en el presente, trasladándolo
hacia otro momento de mi futuro? ¿O quizás, “sacándonos” un
“problema” en nuestra vida pero trasladándoselo a la vida de
otro/s?
Las
excusas/disculpas/pretexto tal vez sirvan en lo inmediato, pero, ¿qué
futuro estamos construyendo si los cimientos se fundan en estas
acciones?
Quiero
poner un ejemplo que nos puede ayudar a discernir este dilema:
Cuando considero que el mundo, el planeta, es una herencia de mis padres, de mis antecesores, en tanto herencia, tengo derecho a usufructuarla como mejor me parezca, incluso, tengo derecho a dilapidarla, si quisiera. Muy distinto sería que considerara al mundo o al planeta, como un préstamo de mis hijos y sucesores. En este caso, como toda “cosa” prestada, tengo también el derecho de usufructo, pero en este caso, también asumo el compromiso de devolverlo (ya que es un préstamo) y devolverlo en –al menos—las mismas condiciones en que me fue prestado, mediante la preservación (conservación y protección) de la cosa. Un cambio en la interpretación de las cosas observadas (en este caso, el mundo/planeta) produce un cambio en nuestros pensamientos, acciones, hábitos, conducta, y consecuentemente, un cambio en nuestro futuro.
Cuando considero que el mundo, el planeta, es una herencia de mis padres, de mis antecesores, en tanto herencia, tengo derecho a usufructuarla como mejor me parezca, incluso, tengo derecho a dilapidarla, si quisiera. Muy distinto sería que considerara al mundo o al planeta, como un préstamo de mis hijos y sucesores. En este caso, como toda “cosa” prestada, tengo también el derecho de usufructo, pero en este caso, también asumo el compromiso de devolverlo (ya que es un préstamo) y devolverlo en –al menos—las mismas condiciones en que me fue prestado, mediante la preservación (conservación y protección) de la cosa. Un cambio en la interpretación de las cosas observadas (en este caso, el mundo/planeta) produce un cambio en nuestros pensamientos, acciones, hábitos, conducta, y consecuentemente, un cambio en nuestro futuro.
Utilizar
las excusas/disculpas/pretexto, sería como utilizar al lenguaje
como “herencia”, y lo que estamos “dilapidando”, es un
recurso clave para las relaciones humanas: la confianza.
En la medida en que la excusa se “cae” por su propia
inconsistencia, se revela la falta de sinceridad de quien la alega, y
como consecuencia, la confianza se ve dañada, e incluso, puede
llegar a desaparecer.
Utilizar
al lenguaje como “préstamo” sería hacernos cargo de nuestras
respuestas ante las diferentes circunstancias de la vida, hacernos
responsables (capaces de responder) de la manera más efectiva
posible. Y lo que estaríamos “preservando” para el futuro,
también sería la confianza.
¿Qué
pasaría si, en lugar de excusarme por no asistir a una cita, elijo
hacerme responsable de mis preferencias y expresarme responsablemente
haciéndome cargo de ello?
¿Qué
pasaría si, en lugar de disculparme por no cumplir con lo prometido,
elijo hacerme responsable de mis elecciones y, ante la eventualidad
del no cumplimiento, negociar un re-compromiso?
¿Qué
pasaría si, en lugar de buscar un pretexto por mi ausencia en el
trabajo, elijo hacerme responsable y hacer un pedido?
“Obra
de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la
permanencia de una vida humana auténtica en la Tierra”.
Hans
Jonas
martes, 24 de enero de 2012
Pienso, luego supongo…
“El funcionamiento de la mente humana es muy interesante. Necesitamos justificarlo, explicarlo y comprenderlo todo para sentirnos seguros. Tenemos millones de preguntas que precisan respuesta porque hay muchas cosas que la mente racional es incapaz de explicar. No importa si la respuesta es correcta o no: por si sola bastará para que nos sintamos seguros. Esta es la razón por la que hacemos suposiciones. Si los demás nos dicen algo, hacemos suposiciones, y si no nos dicen nada, también las hacemos para satisfacer nuestra necesidad de saber y remplazar la necesidad de comunicarnos. […] Hacemos todo tipo de suposiciones, porque no tenemos el valor de hacer preguntas. […] También hacemos suposiciones sobre nosotros mismos, y esto crea muchos conflictos internos. Por ejemplo: supones que eres capaz de hacer algo, y después descubres que no lo eres. Te sobreestimas o te subestimas a ti mismo porque no te has tomado el tiempo necesario para hacerte preguntas y contestártelas”
El párrafo precedente corresponde a un extracto del libro “Los Cuatro Acuerdos” del Dr. Miguel Ruiz (del cual recomiendo su lectura completa). Y lo he tomado prestado para introducir al tema de hoy: Las Suposiciones.
El autor propone 3 causas para generar suposiciones:
- Porque carecemos de seguridad sin respuestas
- Porque no tenemos el valor de hacer preguntas
- Porque no te has tomado el tiempo necesario para hacerte preguntas y contestártelas
Si bien coincido plenamente con el punto de vista del autor, considero que además existen infinitas “razones” para generar suposiciones, tantas como seres humanos hay en la tierra, ya que cada suposición, a su vez, puede ser el origen de una nueva suposición, y así hasta el infinito…
Cuando somos niños, no hacemos suposiciones y estamos libres de pre-juicios. Esto lo podemos apreciar cuando observamos cómo se relacionan los niños (en edades previas a la escolarización) con las cosas y las personas. Su corporalidad y emocionalidad, en la mayoría del tiempo están en completa apertura, lo que significa que existe una confianza plena sobre los acontecimientos y la gente. A partir de la escolarización, comenzamos a tomar mayor conciencia y vamos adquiriendo experiencias acerca de las personas y las cosas. Vamos observando a nuestros mayores en sus comportamientos, y por imitación, vamos aprendiendo a suponer, a pre-juzgar, a imaginar lo que podría suceder si…
Este es un comportamiento aprendido, lo que indica que, si aprendimos a actuar de esa manera, es posible aprender un nuevo comportamiento, actuando de una manera diferente a través de un entrenamiento consciente, que se adecue a lo que nos sea funcional y nos acerque a los objetivos de vida.
¿Qué necesitamos para generar un nuevo hábito?
1. Visión: una de las formas de propiciar el deseo de cambio es generando una visión de cómo sería mi vida, en este caso particular, sin hacer suposiciones. La propuesta es hacer una declaración, por ejemplo (esta es la mía, pero la pueden generar cada uno a su conveniencia):“Quiero comunicarme con las personas desde la legitimación, con claridad, de manera de evacuar cualquier duda que se me presente al escucharlas. Con esta claridad obtendré una comunicación y entendimiento efectivos, para construir relaciones saludables”.
2. Atención: prestar atención a cada uno de los interrogantes que se me presenten, para no sacar conclusiones apresuradas, en base a suposiciones.
3. Acción: Incorporar una nueva acción que suplante a las acciones “aprendidas del pasado”. En este caso, incorporar las preguntas. Cada vez que surja un interrogante, en lugar de pasar a la suposición, evacuar las dudas respecto del interrogante.
4. Evaluación: En los períodos de tiempo que cada uno estime conveniente, hacer un chequeo de cómo va con su “nueva acción”, para hacer los ajustes que sean necesarios.
5. Celebración: No se si el punto más importante, pero sí muy necesario, acompañar los logros con un buen reconocimiento (esto también queda a criterio de cada persona, encontrar la forma y el momento para los “auto-mimos”).
2. Atención: prestar atención a cada uno de los interrogantes que se me presenten, para no sacar conclusiones apresuradas, en base a suposiciones.
3. Acción: Incorporar una nueva acción que suplante a las acciones “aprendidas del pasado”. En este caso, incorporar las preguntas. Cada vez que surja un interrogante, en lugar de pasar a la suposición, evacuar las dudas respecto del interrogante.
4. Evaluación: En los períodos de tiempo que cada uno estime conveniente, hacer un chequeo de cómo va con su “nueva acción”, para hacer los ajustes que sean necesarios.
5. Celebración: No se si el punto más importante, pero sí muy necesario, acompañar los logros con un buen reconocimiento (esto también queda a criterio de cada persona, encontrar la forma y el momento para los “auto-mimos”).
“Cultiva solo aquellos hábitos que quisieras que dominaran tu vida”
(Elbert Hubbard)
(Elbert Hubbard)
viernes, 20 de enero de 2012
Puedes decir que no!
Algunas personas creen que algo ocurrirá si dicen ‘no’.
“Si digo ‘no’ dejarán de quererme”, “si digo ‘no’ soy un egoísta”, “si digo ‘no’ pensarán que soy un maleducado”… Creen que si dicen ‘no’ van a herir a alguien o que los sentimientos de los demás cambiarán. Temen dañar, temen perjudicar la relación. Y entonces dicen que ‘sí’ sin ganas, sin voluntad, sin realmente quererlo.
Generalmente quienes no se atreven a decir que no son los mismos que no se atreven a pedir. Esperan que sean los demás quienes adivinen sus necesidades, sin necesidad de pedir, y no se atreven a decir que no cuando alguien les pide algo.
Tanto el no pedir —y esperar que sean los demás quienes adivinen nuestras necesidades—, como no atrevernos a decir que no, generan en el ser humano un terrible sentimiento de desamor. Y esto ocurre porque en esas situaciones la persona confunde dos cosas completamente diferentes: alguien puede quererte mucho y, sin embargo, no adivinar tus necesidades. Alguien puede quererte mucho y, sin embargo, aceptar que le digas que no a algo concreto. Alguien puede quererte mucho y, sin embargo, puede decirte que no a algo que le pides. Adivinar necesidades o decir que no nada tiene que ver con el amor o con la aceptación. No dices que no a la persona, sino a una petición concreta.
Cuando alguien te pida algo que no puedas dar, mírale a los ojos, sonríele y dile que no, dejándole muy claro que le aprecias, que le valoras, que le quieres. Tan normal es pedir como decir que no. Cuando sabes qué quieres y cuándo lo quieres, es mucho más fácil decir que no a cosas que no puedes dar o a cosas que te apartan de tus valores o de tus metas.
Fuente: Ricardo Ros
La fábula del erizo
Durante la Edad de Hielo, muchos animales murieron a causa del frío.
Los erizos dándose cuenta de la situación, decidieron unirse en grupos. De esa manera se abrigarían y protegerían entre sí, pero las espinas de cada uno herían a los compañeros más cercanos, los que justo ofrecían más calor. Por lo tanto decidieron alejarse unos de otros y empezaron a morir congelados.
Así que tuvieron que hacer una elección, o aceptaban las espinas de sus compañeros o desaparecían de la Tierra. Con sabiduría, decidieron volver a estar juntos. De esa forma aprendieron a convivir con las pequeñas heridas que la relación con una persona muy cercana puede ocasionar, ya que lo más importante es el calor del otro.
De esa forma pudieron sobrevivir.
Moraleja de la historia
La mejor relación no es aquella que une a personas perfectas, sino aquella en que cada individuo aprende a vivir con los defectos de los demás y admirar sus cualidades.
Así que tuvieron que hacer una elección, o aceptaban las espinas de sus compañeros o desaparecían de la Tierra. Con sabiduría, decidieron volver a estar juntos. De esa forma aprendieron a convivir con las pequeñas heridas que la relación con una persona muy cercana puede ocasionar, ya que lo más importante es el calor del otro.
De esa forma pudieron sobrevivir.
Moraleja de la historia
La mejor relación no es aquella que une a personas perfectas, sino aquella en que cada individuo aprende a vivir con los defectos de los demás y admirar sus cualidades.
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